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La presencia del cuentista en el cine de no ficción

Actualizado: 27 dic 2022


Imagen fija de The Darkside


Todo el mundo entiende la importancia de las imágenes en estos días. Son omnipresentes. Llaman la atención. Son inmediatos y sensoriales. Impresionan. Son impresionistas en la forma en que Joseph Conrad usó el término cuando describió lo que quería hacer como escritor: “Mi tarea que estoy tratando de lograr es, mediante el poder de la palabra escrita, hacerte oír, hacerte sentir — es, ante todo, hacerte ver.“ Hoy en día estamos inmersos en un río de imágenes y pocos dirían que necesitamos palabras para poder ver.


En los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, algunos, como André Bazin y Eric Rohmer, llegaron a desconfiar del poder seductor de las imágenes como preferibles a la palabra hablada, y de alguna manera superándola. Las imágenes transmiten emociones con gran fuerza y, como demostró Sergei Eisenstein, pueden, al mismo tiempo, a través de una serie de planos que están vinculados narrativa o causalmente, transmitir ideas sin que se pronuncie una sola palabra. Es una poderosa combinación cuyo efecto podría ser que un espectador relajado y receptivo internalice estas ideas y las vincule con las emociones asociadas con ellas en la película, casi como si las experiencias vistas, las emociones observadas y las ideas resultantes fueran propias.


Michel Chion mostró más tarde cómo, en el cine sonoro, el sonido y las imágenes se combinan en lo que él llamó audioimágenes. Lo que oímos nos dice cómo interpretar lo que vemos. Pero también es cierto que lo que vemos, especialmente las expresiones faciales y el lenguaje corporal de los seres humanos, enmarcados y presentados de maneras y en contextos específicos por el cineasta, agregan gran cantidad de significado a lo que escuchamos. Esto es porque lo más importante para nosotros es la experiencia humana. Nos identificamos con las experiencias de otros más que con cualquier otra cosa, Fue Bela Balazs quien escribió sobre el papel central que juegan los primeros planos de rostros humanos, con todas sus microexpresiones matizadas, para transmitir emociones complejas que señalan a los espectadores cómo responder a lo que estamos viendo y escuchando. Como escribió Balazs, parafraseando a Marx, "La raíz de todo arte es el hombre". Podemos actualizar eso, por supuesto, reemplazando "hombre" por "seres humanos".


Una película es una serie de imágenes enmarcadas en constante movimiento, y este movimiento, lo que Lev Manovich llama la "pantalla dinámica", intensifica la experiencia para los espectadores, nos atrae y nos sumerge en ese flujo visual enmarcado hasta el punto en que, cuando estamos viendo una película, generalmente no prestamos atención a lo que no está enmarcado. Como escribe Manovich sobre las pantallas, "la pantalla es agresiva. Funciona para filtrar, ocultar, tomar el control, haciendo inexistente todo lo que está fuera de su marco". En el caso de la persona que vea una película, presumiblemente de principio a fin, a diferencia de las personas que miran vallas publicitarias electrónicas o se desplazan por sus teléfonos celulares, dice, "se le pide al espectador que se fusione completamente con el espacio de la pantalla". Los especialistas en mercadeo y los políticos saben estas cosas y las utilizan a su beneficio. Y lo sabes tú también intuitivamente, incluso si no has leído a los escritores mencionados anteriormente. Es un lugar común reconocer que somos manipulados por los medios.


Al darse cuenta del poder de lo visual en el cine, Bazin expresó su preferencia por el neorrealismo precisamente porque estas películas de bajo presupuesto, hechas no en estudios, sino en las calles de Italia durante y después de la Segunda Guerra Mundial, con actores que a menudo no eran profesionales, parecían más reales, menos manipuladas, y por lo tanto más confiables. Esta fue también la estética del Cinema Verité realizado en las décadas de 1950 y 1960, un cine sin adornos y muy verbal. Eric Rohmer hizo más que expresar desconfianza en la imagen pulida, cuando en 1948, abogó por la importancia de la palabra hablada en "Por un cine que habla". Para Rohmer, era importante que este lenguaje no se usara simplemente como parte del ambiente sonoro, sino que la película se estructure de tal manera que haga que el espectador preste atención y piense en cada palabra pronunciada. La imagen en movimiento al servicio de la palabra hablada, no al revés. Las películas de Rohmer tienen que ver con el lenguaje, con las conversaciones. Son discusiones de ideas. No te dicen qué pensar, pero te animan a pensar. Mi noche con Maude (1969), por ejemplo, es una conversación, un debate entre diferentes posiciones ideológicas, entre un católica, una mujer divorciada y un marxista, en una época en que el divorcio era mucho menos común que ahora.

Incluso hoy en día, si comparas las películas francesas y estadounidenses, las películas estadounidenses tienden a basarse más en imágenes espectaculares, mientras que las francesas suelen ser mucho más verbales.


Veremos ahora la manera en que se presenta al cuentista, a la persona que habla, en algunas películas de no ficción.


Precisamente porque sabemos lo poderosas que son las imágenes cinematográficas, es interesante considerar las películas de no ficción que privilegian la palabra hablada sobre lo visual, películas en las que la persona que cuenta la historia es presentada visualmente, enmarcada por el cineasta, y cuenta la historia en sus propias palabras. Una de esas películas es Swimming to Cambodia (1987), que presenta al actor y monologuista Spalding Grey. En Nueva York en la década de 1980, Gray pronunciaba sus monólogos autobiográficos, y muy personales, en un teatro oscuro y despojado, siempre vestido en la misma camisa a cuadros y mahones, siempre sentado en la misma mesa pequeña y siempre con la misma intensidad dramática. Jonathan Demme filmó a Gray en exactamente el mismo tipo de espacio teatral, vestido con la misma ropa, interpretando un monólogo sobre sus traumáticas experiencias trabajando en la película The Killing Fields en Camboya. En este clip de la película, Demme mueve la cámara y manipula un poco la iluminación, pero se abstiene de ilustrar la escena con imágenes visuales que no sean del propio Gray, No nos enseña Camboya ni cualquier otro lugar fuera del teatro. Esta película se trata de esta persona, de sus palabras y cómo las pronuncia, del ritmo y del flujo de este monólogo.


Otra película que se centra en una sola persona y sus palabras es La niebla de la guerra, un documental de 2003, dirigido por Errol Morris, sobre Robert McNamara. Morris utiliza imágenes de McNamara, eventos históricos, gráficos, ilustraciones visuales y una banda sonora musical para ilustrar, contextualizar y complementar el relato de McNamara sobre su propia vida en sus propias palabras, incluyendo los muchos errores que este complejo e inquieto protagonista de la Guerra Fría admite haber hecho. Una vez más, lo central de esta película, y lo que la hace tan fascinante, es el propio McNamara, su ceño fruncido, la calidad angustiada o insistente de su voz cuando se esfuerza por explicar sus decisiones y aceptar sus errores. Veando la película y escuchándola, llegamos a conocerlo y comprenderlo a través de las palabras que él mismo pronuncia.


Warwick Thornton es un cineasta indígena australiano. Todas sus películas, cortas y largas, de ficción y no ficción, presentan perspectivas aborígenes. También es un director de fotografía galardonado, bastante capaz de crear imágenes visuales que son atractivas. En 2020, Thornton, agobiado por toda la actividad incesante asociada con ser un cineasta exitoso, decidió pasar un tiempo solo acampando en una isla remota al lado de una playa en una sencilla casa de placas de zinc sin electricidad, y realizó un documental personal sobre esta experiencia llamado La Playa. En él, registra sus pensamientos y sentimientos sobre lo que estaba vivíendo durante este período

mientras ocurrieron. En una escena, mira las imágenes de sí mismo y observa que no se ve bien. Como cineasta y director de fotografía, su impulso es crear imágenes más bellas y no incluir estas imágenes de sí mismo en la película terminada. Sin embargo, los incluye en la película precisamente porque el objetivo de este proyecto es alejarse de lo pulido. El fin de esta película no es hacer que la naturaleza o los seres humanos se vean hermosos ni promover el turismo.


The Darkside, el documental de Thornton sobre los relatos de encuentros con lo sobrenatural en palabras de australianos -aborígenes y otros- también es interesante por cómo se abstiene de ilustrar estas historias visualmente. Lo que hace Thornton es más bien centrarse en las personas que nos cuentan estas historias, sus rostros, sus voces, sus palabras. Cada uno está cuidadosamente enmarcado y contextualizado en planos estáticos. Cada plano al mismo tiempo constituye lo que podría considerarse un retrato y una escena completa de la película. Esta manera de encuadrar al sujeto que habla se puede apreciar en la imagen fija que aparece al comienzo de este artículo, la cual muestra a una mujer sentada en la entrada de su casa contando una serie de cosas malas que les sucedieron a los miembros de su familia luego de que recogieran un tablero de Ouija tirado en el suelo. En este encuadre, lo que llama la atención es la intensidad del rostro y la voz de la mujer que cuenta su historia en primer plano mientras su madre juega un interminable juego de solitario en el fondo.


Otra escena interesante de esta película es la de un hombre sentado al lado de una fogata en la noche. Es un plano hermoso en el que el hombre se ve bien en la cálida luz

del fuego. El encuadre le da protagonismo mientras cuenta su historia. Sin embargo, al contar los sucesos el hombre se agita cada vez más y no puede permanecer sentado. Se pone de pie, sale del encuadre, vuelve a entrar y luego se mueve hacia la cámara. Está demasiado perturbado por lo que está contando para responder, incluso cuando la voz de Thornton le pregunta si no le gustaría volver a sentarse. El resultado es que durante la mayoría de la escena, mientras cuenta la historia, lo vemos en primer plano, enmarcado solo de cintura para abajo mientras se mueve, hablando emocionalmente. Lo interesante es que Thornton elige dejar esta escena en la película, no volver a filmarla usando el encuadre original. Rehusa crear una imagen más bella porque este encuadre no planificado transmite más, emocionalmente hablando. (Solo incluyo una imagen del encuadre al comienzo de la escena aquí ya que no pude encontrar una imagen de la parte posterior de ella).


Una película es un flujo dinámico de imágenes audiovisuales, y solo esto tiene el poder de fascinar no importa el tema. Algunas personas verán videos con contenido de poca importancia durante horas y horas simplemente para poder disfrutar el constante estímulo audiovisual. Las películas, como otros medios (audio)visuales, pueden deslumbrarnos con el espectáculo, pero también pueden abstenerse de demasiada belleza, de demasiada sensación visual, para dar espacio a las palabra, enmarcando y dandole protagonismo a la voz de los seres humanos que nos cuentan sus historias.









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